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Los titulares alarmistas se suceden sin parar cada vez que Spears sube un vídeo a Instagram de ella bailando, enseñando un vestido o hablando con acento británico. Las redes se llenan de comentarios señalando su “deteriorado” estado mental y sugiriendo que, quizá, “debería volver a estar tutelada”. De repente, someter a una mujer de 43 años a una tutela parece una buena idea, aunque un juez la haya liberado de una después de 13 años.
Es más alarmante que parece que no hayamos aprendido absolutamente nada en estos años, en los que la importancia de hablar apropiadamente sobre salud mental se ha puesto sobre la mesa. Ni siquiera teniendo como antecedente el caso de Brian Wilson, de los Beach Boys, a quien le tocó vivir en una época muchísimo menos preparada para hablar de estos temas. Pero tampoco el movimiento #FreeBritney parece habernos llevado a hablar de salud mental de forma más humana o empática.
El movimiento #FreeBritney sirvió para liberar a Spears de su tutela, pero a ojos del público sigue siendo una persona “loca”, y una persona loca no debe exponer su locura en redes sociales. La idea es que no está “capacitada” para ser una persona pública o que, directamente, no debería tener acceso a un teléfono móvil. Puede estar loca, sí, pero no hace falta que lo vaya pregonando. No hace falta que explique por qué esta idea es tan absurda y ridícula.
Fuente: jenesaispop.net